Qué debes tener en cuenta

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en las empresas. Puede ayudar a redactar documentos, analizar información, responder a clientes, automatizar tareas, crear campañas de marketing o acelerar determinados procesos internos. Para muchas organizaciones, estas posibilidades representan una oportunidad para ahorrar tiempo y mejorar su productividad.

Sin embargo, utilizar inteligencia artificial dentro de una empresa también implica asumir determinados riesgos. El problema no suele estar únicamente en la tecnología, en muchos casos, el verdadero riesgo aparece cuando una empresa utiliza una herramienta de IA sin establecer previamente qué información puede introducirse, quién puede utilizarla, qué decisiones puede tomar el sistema o cómo deben revisarse sus resultados.

Una respuesta incorrecta generada por una IA puede parecer perfectamente válida, un documento puede contener información confidencial que no debería haberse compartido, un sistema puede tomar una decisión basándose en datos incompletos o incluso reproducir determinados sesgos presentes en la información utilizada para entrenarlo. Por eso, antes de incorporar inteligencia artificial a una empresa, es importante conocer tanto sus ventajas como sus limitaciones. En este artículo repasaremos los principales riesgos de utilizar inteligencia artificial en una empresa, desde la privacidad y la seguridad de los datos hasta los errores, la dependencia tecnológica, los problemas de propiedad intelectual y los posibles cambios que puede provocar en los trabajadores.

El riesgo de introducir información confidencial en una IA

Uno de los primeros aspectos que debería plantearse cualquier empresa es qué información puede introducir en una herramienta de inteligencia artificial. Los empleados pueden utilizar IA para resumir documentos, redactar correos o analizar información, pero el problema aparece cuando esos documentos contienen datos confidenciales.

Imaginemos que un trabajador copia en una herramienta de IA un contrato, una base de datos de clientes, información financiera interna o documentación relacionada con un proyecto todavía no anunciado. Aunque el objetivo sea simplemente obtener un resumen, la empresa puede estar exponiendo información que debería tratarse con especial cuidado. Por este motivo, una de las primeras reglas internas debería ser establecer claramente qué tipo de información puede introducirse en herramientas de IA y cuál está prohibida.

Un prompt aparentemente inocente como: «Resume este documento y extrae los puntos más importantes.» puede convertirse en un problema si el documento contiene información que nunca debería haberse compartido con una herramienta externa. La inteligencia artificial puede ser útil, pero no todos los datos empresariales deberían estar a disposición de cualquier sistema.

Relacionado con lo anterior aparece uno de los riesgos más importantes: la privacidad. Las empresas trabajan habitualmente con información de clientes, empleados, proveedores y colaboradores, y parte de estos datos puede ser especialmente sensible o estar sometida a obligaciones legales. Utilizar IA sin analizar previamente cómo se procesan esos datos puede generar problemas de privacidad.

Por ejemplo, una empresa podría querer utilizar inteligencia artificial para analizar mensajes de clientes y detectar las principales quejas, y, aunque la idea puede ser perfectamente razonable, antes habría que determinar qué información se comparte con la herramienta, cómo se procesa y qué medidas existen para protegerla. Ojo, esto no significa que utilizar IA sea incompatible con la protección de datos, significa que la empresa debe incorporar la privacidad al diseño del proceso desde el principio. En lugar de preguntarse únicamente «¿puede la IA hacer esta tarea?», conviene preguntarse también «¿qué datos necesita para hacerla y cómo vamos a protegerlos?»

La IA puede cometer errores y parecer convincente

Uno de los problemas más particulares de la inteligencia artificial generativa del que ya hemos hablado en otras ocasiones es que puede producir respuestas incorrectas que parecen perfectamente razonables. Una IA puede redactar un informe con información falsa, inventar una referencia, interpretar incorrectamente determinados datos o presentar una conclusión sin suficiente fundamento. Sabiendo eso, es necesario ser consciente de que el peligro puede aumentar aún más cuando el resultado tiene una apariencia profesional.

Un trabajador puede recibir un texto perfectamente redactado y asumir que debe ser correcto simplemente porque está bien escrito. Por eso, una empresa no debería considerar que una respuesta generada por IA es automáticamente verdadera. En determinadas tareas puede ser suficiente una revisión rápida, y, en otras, especialmente aquellas relacionadas con finanzas, contratos, seguridad, decisiones importantes o información dirigida a clientes, será necesaria una supervisión mucho más cuidadosa. Aunque se invierta más tiempo o medios, es esencial garantizar la veracidad de toda la información que manejamos.

Tomar decisiones importantes basándose demasiado en la IA puede ser peligroso

La inteligencia artificial puede analizar grandes cantidades de información y ofrecer recomendaciones, pero eso no significa que deba tomar todas las decisiones de una empresa. Una organización podría utilizar IA para seleccionar candidatos, valorar clientes, establecer prioridades, analizar riesgos o determinar qué productos tienen más posibilidades de éxito. Sin embargo, cuando la recomendación del sistema se convierte automáticamente en una decisión es cuando surge el problema.

Los modelos dependen de los datos con los que trabajan y de la forma en que han sido diseñados: si los datos son incompletos o contienen determinados sesgos, el resultado puede verse afectado. Por eso, cuanto mayor sea la importancia de una decisión, más relevante será mantener la supervisión humana. La IA debería ayudar a los profesionales a analizar información, pero no sustituir su criterio.

Los sesgos también pueden afectar a una empresa

Otro riesgo importante son los sesgos: una inteligencia artificial aprende patrones a partir de grandes cantidades de información. Si esa información contiene determinados desequilibrios o refleja comportamientos históricos que no deberían repetirse, el sistema puede reproducirlos. Esto puede ser especialmente delicado en áreas como recursos humanos, selección de candidatos, publicidad o evaluación de clientes.

Imaginemos una empresa que utiliza IA para analizar currículums y determinar cuáles deberían pasar a la siguiente fase de selección. Si el sistema ha aprendido patrones inadecuados a partir de decisiones anteriores, podría favorecer determinados perfiles y perjudicar otros sin que el trabajador sea consciente de ello. La solución a este problema  no consiste necesariamente en dejar de utilizar IA, consiste en establecer controles, revisar resultados y comprobar periódicamente si el sistema está produciendo resultados razonables.

Problemas de propiedad intelectual y contenido generado por IA

La utilización de inteligencia artificial para crear textos, imágenes, vídeos, código o materiales publicitarios también puede plantear dudas relacionadas con la propiedad intelectual: una empresa podría generar una imagen para una campaña, utilizar un texto producido por IA o crear un diseño para un nuevo producto.

Debemos ser cautelosos y, antes de utilizar determinados materiales comercialmente, conocer bien las condiciones de la herramienta empleada y comprobar si existen restricciones relevantes. Además, como hemos repetido en varias ocasiones a lo largo del artículo, no debería asumirse automáticamente que cualquier contenido generado por una IA puede utilizarse sin ningún tipo de consideración.

Este es un ámbito que puede evolucionar con rapidez y que depende también de la legislación aplicable, el tipo de contenido y las condiciones concretas del servicio. Para una empresa, la solución más prudente es establecer procedimientos de revisión antes de publicar o comercializar contenido generado mediante IA.

Ciberseguridad: la IA también puede abrir nuevas puertas

La inteligencia artificial puede utilizarse para mejorar la seguridad informática, pero también introduce nuevos riesgos. Por ejemplo, una empresa podría incorporar diferentes herramientas de IA conectadas a documentos internos, sistemas de atención al cliente o aplicaciones empresariales, convirtiéndo cada nueva integración en un punto que debe protegerse correctamente.

También existe el riesgo de que los trabajadores utilicen herramientas no autorizadas sin conocimiento del departamento responsable: un empleado puede instalar una extensión, utilizar un chatbot o conectar una aplicación externa pensando que simplemente está aumentando su productividad. Sin una política clara, la empresa puede perder visibilidad sobre dónde circula su información, por lo que la seguridad no debería considerarse una cuestión exclusiva del departamento tecnológico, y todos los empleados que utilicen IA necesitan conocer unas reglas básicas.

En relación precisamente con esto sabemos que una empresa puede establecer una estrategia de inteligencia artificial perfectamente diseñada y, aun así, encontrarse con problemas si los trabajadores no saben utilizar las herramientas correctamente. Un empleado puede confiar demasiado en una respuesta, copiar información confidencial, utilizar una herramienta que no ha sido aprobada o publicar directamente contenido generado por IA sin revisarlo. Por eso, la formación es una pieza fundamental: no es suficiente con proporcionar acceso a una herramienta y esperar que los trabajadores descubran cómo utilizarla.

La IA puede generar problemas con los clientes

Otro riesgo aparece cuando la inteligencia artificial interactúa directamente con los clientes. Los chatbots pueden responder preguntas rápidamente, atender consultas fuera del horario comercial y reducir la carga de trabajo del equipo de atención al cliente, pero también pueden proporcionar una respuesta incorrecta.

Si un chatbot promete algo que la empresa realmente no ofrece, proporciona un precio equivocado o responde de forma inadecuada a una reclamación, el problema puede terminar afectando directamente a la reputación de la compañía. Por eso es importante definir qué preguntas puede responder automáticamente una IA y cuáles deberían pasar inmediatamente a un trabajador. Una buena estrategia no consiste necesariamente en automatizar absolutamente todo, y en muchos casos el mejor sistema será aquel en el que la IA resuelva las consultas sencillas y transfiera las situaciones complejas a una persona.

Conclusión

La inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades para las empresas, pero utilizarla sin planificación puede generar problemas importantes: la pérdida de privacidad, la exposición de información confidencial, los errores, los sesgos, los problemas de seguridad, la dependencia tecnológica y las dificultades relacionadas con la propiedad intelectual son algunos de los aspectos que cualquier organización debería considerar antes de incorporar IA a sus procesos.

Sin embargo, estos riesgos no significan que las empresas deban mantenerse alejadas de la inteligencia artificial, significan que deben utilizarla de forma responsable. Una empresa que introduce IA sin establecer ningún control puede terminar creando nuevos problemas mientras intenta solucionar otros. En cambio, una organización que analiza previamente qué tareas quiere automatizar, qué información puede utilizar y cuándo necesita supervisión humana tendrá muchas más posibilidades de aprovechar la tecnología correctamente.

La inteligencia artificial debería entenderse como una herramienta; puede analizar información a gran velocidad, generar contenido, automatizar determinadas tareas y ayudar a los trabajadores a ser más productivos, pero la responsabilidad sobre cómo se utiliza esa tecnología continúa estando en las personas y en las empresas que la incorporan, y probablemente esta será una de las cuestiones más importantes durante los próximos años: no quién puede utilizar más inteligencia artificial, sino quién consigue utilizarla mejor y con menos riesgos.


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